Afectos apropiados.

Éste no es mi momento de mayor entereza... ni el más apropiado para escribir en un blog llamado "Afectos positivos" en un canto al optimismo.
Definitivamente, éste no es mi mejor momento. He visto como mi salud fallaba. He visto como yo fallaba. He visto como alguien más fallaba. He vivido sin vivir, y sigo haciéndolo. He sentido en la nuca el aliento de ese pérfido ser llamado "perderlo todo", y sigo notándolo.

Mi vida ha entrado en un ciclo diferente, marcado por la dependencia y la falta de control del propio cuerpo y la propia mente, que parecen sublevarse en una eterna puja contra algo que se me escapa. Dependencia de unos medicamentos, una ayuda y atención médica y un apoyo, ya no (sólo) externo, sino principalmente interno. Dependencia del tiempo y el ritmo de mejora, que marcarán mi hoy, mi mañana, y mi pasado.

Pensar en un futuro a corto plazo se me antoja difícil, hacerlo en uno a medio o largo, imposible. Pensar en un día a día en el que el malestar puede presentarse en cualquier momento, no es una idea que me atraiga especialmente, pero tampoco lo es pensar en un pasado que, ahora, veo como digno de nostalgia, haciendo real aquello de que "cualquier tiempo pasado fue mejor".

He recibido ayuda y apoyo, en mayor medida que decepción. He recibido una serie de afectos positivos que me han calmado el dolor.

No temo repetir que el camino será difícil... que habrá días que no querré seguirlo, que intentaré ir contrasentido... Pero sé que podré llegar al final con energía, con fuerza, con afecto, y con tantas otras cosas, a pesar de grandes decepciones que llevan nombres y apellidos, pero que, a fin de cuentas, y pese al sentimiento, ahí quedan.

El camino empieza hoy, y ahora sé que no me arrepiento de escribir en un blog llamado "Afectos positivos" en un canto al optimismo... y a la esperanza.