Afectos positivos.

El inconformismo puede ser una barrera insalvable, un golpe tras otro, una paliza difícil de asimilar.
Llevado al extremo, parece minar toda posibilidad de felicidad. ¡Qué injusto! ¿No parece ser este tipo de infelicidad, a priori, propia de personas malvadas o desgraciadas?
Partamos de que el mal es tan relativo que no existe como tal. Partamos de que hablar de desgracia aquí y ahora es impropio.

¿Es imposible ser feliz, por tanto, siendo inconformista? La que es quizá la gran ciencia oculta, el descarte, dice claramente que no.
Prefiero creer, entonces, que puedo alcanzar la felicidad con mi inconformismo a la espalda, o con el susodicho en los pies.
Y la razón es que ese inconformismo es una creencia, la creencia de que merecemos algo mucho mejor que todo esto. Y el camino para llegar es recoger los frutos de cada paso, por pequeños que sean. Sin elevarlos a la máxima potencia, sin sucumbir ante pequeños hechos que lleven a engaño, pero apreciándolos y aprendiendo de ellos.

Y así, sólo así, estaremos abiertos a lo bueno que nos de la vida. Gracias por darme la mano y ayudarme a formar un arco, una puerta, más grande.

Tengo otra razón más para estar dispuesto a todo: que si no caigo, tú tampoco caerás... que si vuelo, no tendrás que envidiar mis alas, porque tendrás las tuyas propias.